Un día, Robert Louis Stevenson dibujó un mapa para entretener a su hijastro. En él aparecían una isla y las coordenadas para encontrar un tesoro escondido por un viejo pirata. Todo pura fantasía. Inmediatamente se le ocurrio escribir una novela que explicara la historia de aquella isla. Así nacio  “la isla del tesoro”, la obra que situo a Stevenson en la inmortalidad y que le convirtio en sinonimo de aventuras y paisajes lejanos. El exito fue tan enorme como devastador, pues el resto de su obra (ensayos, criticas literarias, cuadrnos de viaje…) quedó sepultado bajo el peso de la isla… Stevenson seria clasificado inmerecidamente en la memoria colectiva cono un heroe de tono infantil.

Leído en Historia y Vida nº479