de_bello_gallico.jpgSi bien algunos historiadores relatan y describen lo que ven de manera objetiva, otros manipulan la información por motivos políticos, exaltando, por ejemplo, la grandeza de Roma y relativizando la importancia de los demás pueblos.

Fiable probablemente sea el griego Posidonio (c. 135-50 a.C), uno de los mas grandes etnografos de la antigüedad. Fue el primero en explorar sistemáticamente el mundo celta y en describirlo sin prejuicios, apreciando sus peculiaridades (la alimentación, la franqueza, el valor) y convirtiéndose en fuente principal de escritores posteriores. Entre estos figura Estrabón (64 a.C.-24d.C.), que en su Geographia proporciona una imagen de los celtas que no es ni barbara ni atrasada, así como Diodoro Siculo (c 60-20 a.C.), que en la Biblioteca histórica describe vivamente el mundo de los galos. Son también muy precisas las descripciones del romano Plinio el Viejo (23-70 d.C.), cuya Naturalis Historia representa la summa del saber científico de la época.

Entre los historiadores objetivos destacan asimismo Julio Cesar (100-44 a.C.), que en De bello gallico recogió las crónicas de su campaña de conquista de Galia en los años 58 y 51 a.C. A pesar que su conocimiento de los celtas deriva de la experiencia de una larga y fatigosa guerra, su narración no trasluce ningún conflicto de intereses. Describe con minuciosidad y precisión (tal y como se ha confirmado con las excavaciones arqueológicas en Francia) los hábitos y las costumbres de los galos, reconociendo sus méritos y contribuyendo a eliminar la imagen, popular también en Roma, de los celtas bárbaros.

Menos objetivo es Tito Livio (c.59 a.C.-17 d.C.) que, aun ofreciendo a menudo un relato fiable, falsea los acontecimientos referentes al asedio de Brenno de 390 a.C., inventando la recuperacion por parte del dictador Camilo, del botín conquistado por los celtas.