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“Algunas zonas son sagradas para los hombres. Y otras lo son sólo para las mujeres”, explica Debra Gardner, funcionaria del Parque Nacional Uluru-Kata Tjuta, que rodea este monolito de 348 metros de altura, tambien conocido como Ayers Rock, incrustado en el caluroso y rojizo corazón de Australia. La roca, vista aquí desde un satelite, contiene ciertos lugares culturales que solo pueden ser visitados por los anangu, el pueblo aborigen local. A los miles de turistas que cada año acuden al parque se les pide que no asciendan a la cima por respeto a esas creencias. Pero todo el mundo puede contemplar desde el desierto como los abruptos pliegues de piedra se suavizar bajo el resplandor del crepúsculo.

ayers rock

Leído en National Geographic