entrada-a-la-cueva-de-zugarramurdi.jpgUn momento decisivo para la historia de la brujería y de la Inquisición se produjo en relación con las pesquisas llevadas a cabo en Navarra a propósito de uno de los casos mas espectaculares registrados en toda Europa: el proceso de Zugarramurdi, que acabó con un auto de fe (o ejecución pública de la sentencia) celebrado en Logroño en 1610. Según el resumen hecho por el impresor Juan de Mongastón, testigo del auto, se dijo que en Zugarramurdi se celebraba un aquelarre tres días a la semana, que el Diablo lo presidia sentado en un trono, que señalaba a sus adeptos en sus cuerpos (principalmente, en la niña del ojo) y asignaba a cada uno de ellos un sapo vestido,que no era sino un demonio que servia como ángel de la guarda a los nuevos renegados de la fe. Tras ser denunciadas mas de trescientas personas por tales cargos y otros semejantes, tan solo se condeno a 31, once de ellas a muerte.

El proceso suscito enormes criticas con respecto a la realidad de las acusaciones por parte de Alonso de Salazar, un escéptico inquisidor apodado por sus adversarios “el abogado de las brujas”. Para él, “no hubo brujas ni embrujadas en el lugar hasta que se comenzó a tratar de escribir de ellos”. Desde entonces, los tribunales inquisidores españoles cambiaron sus métodos, renunciando a aplicar la pena capital y mostrando un progresivo desinterés hacia los acusados por brujería, tratados con compasion y precaución crecientes.

Leido en Historia National Geographic