A mediados de los años 60 del siglo pasado, Alexei Kosyguin, jefe de gobierno de la Union Sovietica, viajó  a Pekin. Durante una visita al jardin botanico de la capital china  observo que algunas personas saludaban con una reverencia a un anciano que trabajaba en unos parterres. “Es en consideracion a su antigua condición”, le explicaron. El gobernante se quedó atónito al conocer la identidad de aquel hombre. Se trataba de Pu Yi, el ultimo emperador de la China. Tras permanecer preso durante un decenio (de 1945 a 1959) bajo la acusacion de traicionar a su pais, Pu Yi cuido de aquellos jardines hasta su muerte en 1967.

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