enero 2009


la-tribu-de-los-lagosUna historia muy, muy antigua se contaba en lo más crudo del invierno, por la noche, cuando Búho ululaba en los bosques helados. Como todas las historias, también ésta albergaba una moraleja y una verdad para la tribu. Algunos aseguran que la historia procedía de los Cabeza Alta; otros, que había nacido del viento y nutría la tierra…

Hace mucho, en tiempos de los antepasados, la Tribu se negó a cuidar de los Muertos y la tierra se llenó de fantasmas que cometían toda clase de iniquidades. Finalmente, desesperados, los fantasmas acudieron a exponer su problema a Primer Hombre.

Primer Hombre oyó sus lastimeros gritos y envió en su ayuda a su hermano gemelo, Cuervo de Muchos Colores. En aquellos días, Cuervo poseía un plumaje tan brillante que a su lado los pinzones parecían grises y deslucidos.

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-El candirú, un pez de unos seis centímetros  de longitud que vive en los ríos de Sudamérica, es el único parásito vertebrado del hombre. Se introduce por los orificios naturales de los bañistas y, una vez dentro, se engancha al organismo con unas púas que le salen de la piel, produciendo tremendos dolores en las personas afectadas.

-En un gran lago de Bélgica se vio una bandada de libélulas que abarcaba una extensión de 170 kilómetros cuadrados. A su paso por Amberes la nube de insectos interrumpió el tráfico durante horas.

-Aunque sus ojos refulgen en las tinieblas, los gatos no pueden ver en la oscuridad. El brillo de debe a que reflejan la escasísima luz ambiental por medio de una mambrana llamada tapetum lucidum.  También tienen un campo de visión mucho más amplio que las personas y son muy sensibles a la luz ultravioleta, lo que les permite distinguir cosas que un hombre jamás vería. Durante el día, los gatos ven mucho peor que nosotros.

-El cangrejo gigante de la especie macrocheira kaempfferi, que habita en las profundidades de los mares de Japón, puede dar con sus largas patas pasos de hasta tres metros.

-El prestigioso psicozoólogo vienes, K. E. Schneider cita en una de sus obras la facultad de hablar de un perro de las cercanías de Zeitz, al que su amo le había enseñado a decir su nombre, Aniel, y además las palabras si, no, cerveza y silencio.